miércoles, 18 de diciembre de 2013

Una razón para ser feliz en Navidad

La Navidad siempre acaba despertando diferentes sentimientos: la quieres, la odias o te causa indiferencia.
Yo he pasado por las tres, aunque ODIO es una palabra que intento no incluir en mi vida porque es el mayor veneno para una persona.
Este post va dirigido, especialmente, para aquellas personas que estas fechas las pasan deseando que transcurran a la mayor velocidad posible, casi sin darse cuenta e intentando acudir al menor número de eventos.
¿ Y por qué? porque yo he pasado 12 años de mi vida con ese deseo. No las odiaba, simplemente no me apetecía sentarme con toda la familia y ver una silla vacía. Y, sin embargo, lo hacía. Aunque me parecía un sacrilegio tocar la pandereta.
Mi padre intentó que nuestra vida fuera lo más normalizada posible tras faltar mi madre, precisamente, una semana después de Reyes. Y las siguientes Navidades, aunque sin grandes festejos,fuimos a la cena de Nochebuena con el resto de familia. Dura, muy dura.
Y así, los años siguientes,incluida la familia política. Con el paso del tiempo, te animas a seguirles el cuento pero sin ilusión. Ilusión...ninguna. Tienes ganas que pase Reyes, que quiten todos los adornos navideños y que tu vida vuelva a la rutina de siempre. En la rutina, eres feliz.
Y llega un día que todo cambia.
En mi caso, fue el 22 de diciembre de 2010: me convertí en mamá.
Unos días antes, incluso me animé a comprar un pijamita de Papá Noel a mi hija. No porque fuera a celebrar la Navidad por todo lo alto,sino porque me hacía gracia tener una foto de mi hija vestida de esta guisa.

mi niña..con 2 días de vida

En Nochebuena, me dieron el alta a las 9 de la noche. No estaba previsto hasta el día 25,pero al ser un día tan señalado me ofrecieron esa posibilidad y no la rechacé. Mi padre cumple años ese día y la familia nos reunimos para celebrarlo junto a la Nochebuena.
Nadie de la familia esperaba que fuera,ni siquiera sabían que me habían dado el alta. Y, a pesar, que tuve un postparto malísimo,cuando llegué a casa vestí a mi hija con su pijamita de Papa Noel y fuimos a la cena familiar.
Fue una de las pocas veces que he visto llorar a mi padre. En ese momento, pensaba que era por ver a su primera nieta en su cumpleaños.
Con el tiempo, supe que estaba equivocada.
No lloraba por su nieta, sino por mí. Por ver que, después de 12 años, volvía ser feliz en estas fechas.

Me hizo falta ser madre para darme cuenta que, aunque quiero disfrutar la Navidad por mis hijos,uno se olvida de disfrutarla por otro motivo igual de importante: la gente que te quiere.

Si haces el esfuerzo por tus hijos,porque no tienen la culpa y porque los quieres,por qué no hacerlo por la gente que te quiere a tí. Para ellos, eres igual de importante.
Y sabes, se vive mejor sonriendo.

Feliz Navidad 




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